SINOPSIS


   Brujas Anónimas es una blognovela orientada a un público juvenil y con una temática fantástica. Se desarrolla en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Sigue la historia de Micaela, una joven universitaria que un día descubre, a su pesar, la existencia de una sociedad paralela dentro de su propia ciudad.














sábado, noviembre 18, 2017

Libro III - Capítulo VII - pag 1


(Debido a la extensión de los capítulos, se publican en varias páginas.)
 
   —¿Por qué nos estás siguiendo? —lo encaró Mariana.
   Las personas alrededor los miraron con atención y mala cara. Federico retrocedió un paso y alzó ambas manos mostrando las palmas.
   —No las estoy siguiendo.
   —Pues apareces allí donde nosotras vamos —dijo Micaela—, ¿cómo sabías que íbamos a estar aquí?
   Micaela se contuvo para no mirar hacia su amiga, pero esta estaba con la mirada fija en su hermano y no lo hubiera notado.
   —¿La abuela te puso en esto?
   —No, no, te lo aseguro, solo quiero estar seguro de que están bien.
   —Pues no necesitamos tu ayuda.
   —La necesitaron en la cripta.
   Las personas volvieron a mirarlos.
   —Aquí no —murmuró Micaela— y se apresuró a llegar a la puerta que recién se había abierto en la estación.
   —No necesitamos tu ayuda —dijo Mariana una vez más cuando estuvieron en la plataforma— y tampoco queremos tu compañía, vete.
   —Vamos, Mariana, sabes que te vendría bien alguien más de tu lado. ¿Qué le pasó al hombre tatuado? —miró hacia el subte que se alejaba—. ¿Desapareció?
   —Eso parece —dijo Micaela acariciando su bolso, donde volvía a estar Nesi.
   —¿Les dijo algo?
   —Eso es algo nuestro —dijo Mariana—, ¿no tienes nada que hacer?
   —En realidad no —el muchacho ignoró a su hermana y se dirigió a Micaela—. ¿Qué les dijo?
   —Nada que ayudara mucho. —Micaela desvió la mirada. —Solo que necesito un mentor, pero eso ya lo sabíamos.
   —Vamos, chicas, pueden confiar en mí.
   —Pero no queremos —insistió Mariana y tomó del brazo a Micaela—, déjanos en paz.
   Federico no las siguió fuera de la estación, pero de todas formas dedicaron varios minutos a dar vueltas para perder a cualquiera que quisiera seguirlas. Finalmente, entraron en un café de barrio semivacío donde eligieron una mesa en un rincón oscuro y frío que las invitó a tomar varias tazas de café.
   —Bien —Mariana se inclinó hacia delante—, ¿qué te dijo?
   —En realidad no mucho —Micaela suspiró y sacó la hoja—, dijo que es un lenguaje antiguo, que lo reconoce, pero que no puede leerlo.
   —¡Eso es lo mismo que nada!
   —¿Sabes por qué desapareció?
   Mariana se encogió de hombros.
   —No sé mucho de fantasmas, no tienen normas estrictas, aparecen y desaparecen, no se entiende muy bien por qué.
   —Entonces no tenemos mucho más que hacer…
   —¿Qué?
   —Me preguntó si habíamos abierto la caja. Aunque no le había contado sobre ella… —sacudió la cabeza—. Como sea, debe de ser importante.
   —Bueno, lo intentamos ¿o no? Pero además de unas fotos y esos pergaminos en blanco —Mariana frunció el ceño—, ¿le preguntaste por la foto?
   Micaela se irguió en la silla con frustración.
   —Me dijo que encontrara a un mentor. Todo regresa a lo mismo: que encontremos otro mentor o…
   —¿O qué?
   Micaela se encogió de hombros, evitó mirar a Mariana a los ojos.
   —Si ella estuvo huyendo de las sombras, ¿no tendría más de una casa?
   —Sí, claro. Tendría que tener varios lugares seguros. No creas que no pensé en eso antes, pero ¿cómo encontrarlos? Eso es otra cosa. Necesitaríamos algo de ella y la única foto en la que se veía su rostro solo nos llevó hacia la cripta…
   Levantó la vista hacia Micaela que la miraba con una tenue sonrisa en los labios. Mariana se golpeó la frente con la mano.
   —¡Qué tonta! Si nos llevó hasta esa hoja, entonces también es de ella. —Frunció el ceño. —Si es que esa era la hoja que teníamos que encontrar, quién puede saberlo con todo ese revoltijo.
   Micaela acarició el libro.
   —¿La única forma es que lo sumerjas en ese hechizo?
   —Sí, ¿por qué?
   —Porque si hubiera otra cosa…
   Mariana negó con la cabeza.
   —Es el único que conozco, tal vez podrías hacerlo sumergiendo la mano con la que tocaste algo, pero eso es muy distante y muy poco probable, a menos que tengas una fuerte conexión y… —negó con la cabeza—, no, no funcionaría.
   —Está bien, no te preocupes, probemos con la hoja.